Introducción
No es novedad saber que vivimos en un mundo extremadamente consumista. ¿Cómo no serlo? Literalmente ya no es siquiera necesario salir de casa para poder ver una montaña masiva de anuncios y publicidad ofreciéndonos productos o -en tiempos más modernos- mayormente servicios que supuestamente nos solucionarán la vida con algo que puede llegar a generar más problemas o como mínimo que depende de otros servicios o modelos de negocio incrustados para “desbloquear todas las funcionalidades”.
Y la revolución que aparentemente representó la masificación de las redes sociales para dejar de ser un medio de contacto entre conocidos y volverse la forma de comunicación instantanea entre desconocidos, mas la formulación de una forma de vida basada en la popularidad y aceptación de gente la cuál nos es indiferente, propiciando la popularidad de las relaciones parasociales -como decía- nos proporcionó una nueva manera de consumismo que si bien ya existía porque siempre buscamos pertenecer de alguna u otra forma a una comunidad, en esta nueva ocasión se impulsó a gran escala por la invasiva forma de patrocinios camuflados como descubrimientos o recomendaciones genuinas por parte de personas las cuáles decidimos por ningún motivo aparente darles voz y voto mayores a los propios o de conocidos.
Todo lo anterior más la tercer variable que representa la necesidad de las empresas a vender basura que realmente no necesitamos por medio de dichas promociones camufladas o interacciones artificiales incrustadas como voces genuinas o no relacionadas con una campaña de marketing ha dado por resultado la mayor forma de consumismo éxitoso: una donde se pone a la venta productos o servicios prescindibles con un moño multicolor diseñado específicamente para que terceros actores bajo la fachada de influencers que fingen tener una interacción más genuina con su público que celebridades antaño vendan cosas que posiblemente ni siquiera ellos comprarían por tener marcas más propias para clases medias-altas o directamente altas, pero en cambio a nosotros los proletarios nos los presentan con bombo y platillo para pelearnos entre nosotros y fingir que con esto estaremos un escalón más cerca de la “alta sociedad”.
Y pese a que todo esto la gente lo sepa, no para de consumir porque precisamente toda la infraestructura está diseñada para que no pare la fiesta -si llegase a detenerse, entonces toda la economía entraría en crisis pues todo se estructuró para que se produzca, se consuma, se deseche y vuelta a empezar-. Eso es lo que pasa también cuando hay sistemas de recomendaciones personalizadas, las cuáles nos conocen más que nosotros mismos y nos presentan basura tan llamativa que nos hace querer comprarla lo más pronto posible.
Es por esto mismo -junto con otros temas personales- que he encontrado todavía menos sentido al mero hecho de vivir de dicha manera, pues toda nuestra existencia moderna se basa y se basará en este esquema cuasi-piramidal en donde estamos dopaminados hasta el fondo al punto que nos volvemos insensibles y nuestra única opción es continuar porque sino entonces todo deja de tener sentido. Yo rechacé esas respuestas… o bueno, al menos parcialmente; pues desde que descubrí el tema del minimalismo he empezado a abrazarlo con todas mis fuerzas y aprender a tener una vida igualmente sin sentido pero por lo menos más tranquila, convirtiéndome en una persona moralmente superior (aunque igualmente hablaré más adelante por qué pese a que esté sonando muy condescendiente todos siempre acabamos siendo víctimas de nuestras propias circunstancias y nadie está a salvo de consumir).
Minimalismo
Puede parecer que el decir “ser minimalista” sea el equivalente moderno a una tendencia forzada, como decir que existe un “nuevo trend” al que le ponen un nombre estúpido y consiste únicamente en hacer las cosas tal y como se planteaban hacer desde un inicio (como decirle “minimalismo laboral” a limitarte a hacer tu trabajo sin horas extra ni actividades fuera de tu contrato). Y puede ser cierto, pero lo mejor es explicar un poco del tema.
En general ser minimalista no se reduce en tener la menor cantidad de cosas posibles y hasta ahí, pues ¿Qué sucede cuando dejas de tener hasta el cepillo de dientes porque ocupa espacio en tu vida? Esa no es la idea que plantea el minimalismo, sino mayormente el tener la consciencia suficiente para saber cuándo una compra es necesaria y cuándo un mero capricho sin retorno de inversión -no tanto monetario sino también personal-.
Lo que significa mayormente es, evaluar tu forma de vida en general -compras, tiempo, compromisos- y determinar cuáles son las que verdaderamente necesitas y son obligatorias, reduciendo o directamente eliminando aquellas que no son necesarias y se resumen en ruido o capricho sin verdadero valor. Es decir, que no está en contra de comprar cosas y consumir tiempo y energía mental sino que busca que la persona viva con una intención y construya su forma de vida a partir de ello.
Un ejemplo podría ser -fuera de no comprar cosas que no necesitamos- aprender a decir que no a eventos o compromisos que al final no buscamos, no queremos o directamente no nos interesa participar porque tenemos otras actividades más importantes que nos retornan más valor que lo anterior. Puede que suene a otra excusa para incrustar toda la parafernalia de ser productivo siempre, pero la realidad es que el minimalismo no está peleado con los descansos y los caprichos ocasionales, sólo te dice -por ejemplo- que en vez de tener una sala con tres sillones (a pesar de vivir solo) y contratados todos los servicios de streaming mejor nada más tengas un sillón cómodo y un sólo servicio (o los que necesites, esto no se debe simplificar a tener menos, sino lo necesario).
¿Qué beneficios se obtiene con este estilo de vida? Personalmente encuentro tres que son relevantes:
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Reducir el estrés: tener más cosas significa dedicarle tiempo y energía a cada cosa que se posee, incluso si nada más estás haciendo limpieza. Lo aprendí a la mala cuando vi que tenía varias computadoras y laptops regadas a lo largo y ancho de mi habitación con un supuesto propósito único y lo que terminaba era llenarme de más estrés porque en cada una tenía información y si la necesitaba tenía que recurrir específicamente a esta y me quitaba demasiado tiempo. Desde ahí empecé a aplicar la regla 1:1, común en el minimalismo, que implica en sacar de tu vida (desechar pues) una cosa si vas a comprar algo -la famosa regla ‘uno entra, uno sale’-. Para mí en general este beneficio es pura ganancia, y más para alguien como yo que vive literalmente estresado; desde que aprendí a vivir con menos me siento con menor fatiga y mayor propósito.
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Ahorrar: En términos monetarios, efectivamente comprar menos te hace gastar menos, y más si son cosas que requieren otras compras extra. Un ejemplo de ello es la necesidad imperiosa de la gente de comprar un Amazon Alexa para presumir que tienen un dispositivo espía en sus casas para hacer el tonto por un par de días y luego olvidarla; pues esa “pequeña compra” posteriormente requiere tener que contratar Prime para poder “desbloquear la funcionalidad completa” y vivir la enriquecedora experiencia. En cambio, si uno pasa de largo de ciertas compras entonces no nada más se vuelve un consumidor responsable sino que en general deja de lado una forma de vida llena de ruido que no aporta valor ni ahorro de energía, tiempo y dinero.
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Estabilidad: No sabría explicar esta última, pero la podemos resumir en que aprendes a no malgastar tu tiempo haciendo multitasking o dividiendo tu atención en cosas que no te importan. Como decía, “depurar” en el minimalismo no solamente se aplica a objetos, sino a ideas, y si una de ellas se basa en darle espacio en tu mente a cosas, personas o eventos que directamente no te aportan (lo que se le suele llamar rent-free); al quitar de tu mente cosas como tendencias estúpidas o basura que requiere comprar de más basura entonces se va ganando la batalla contra el enemigo invisible que representa el ruido del mundo actual.
Un ejemplo que tengo claro es ver videos de chismes de gente que ni me interesa, lo cuál me da gracia porque aquellos que nos solíamos mofar de cómo nuestros padres y abuelos se picaban en ese tipo de temas con programas de chismes de la TV vemos como estamos repitiendo lo mismo pero con los youtubers, streamers e influencers en general.
Problemas del minimalismo
Ahora bien, no todo es color de rosa con esta forma de vida, pues tiene bastantes implicaciones. La más importante es que no es una tendencia nacida del amor a una forma de vida simple, sino que mayormente se popularizó porque la propia industria nos está forzando a que la veamos con buenos ojos, orillando a que la mayoría opte por vivir de dichas formas. No hace falta buscar muchos ejemplos, pues tenemos cosas que van desde lo simple como tener que asistir a “convivencias” en el trabajo porque lo solicitaron; a puntos más extremos como la propia industria del entretenimiento que, al ver que se obtenía ganancia a partir del streaming, decidieron sacar sus contenidos de Netflix o los otros pocos servicios que existían en aquel momento para sacar su propio servicio y ahora atiborrarnos de muros de pago.
Es decir que esta tendencia de tener un solo mueble rancio del Ikea que consiste en tablas sencillas unidas porque es un “diseño sobrio”, un servicio de streaming a la vez y demás cosas no nació de que alguien haya decidido que era la forma de vida perfecta, sino porque se nos orilló a vivir así al tener espacios cada vez más reducidos, rentas que nos obligan a mudarnos cada tanto y una sobrecarga de productos y servicios que llegan al punto que nuestros bolsillos no nos permiten andar comprando montañas de basura. Es por esto que se suele atribuir a Estados Unidos y Japón las “técnicas” más populares de minimalismo -casualmente los países donde más cuesta una vivienda de apenas 10 metros cuadrados-.
Aún con esto, yo prefiero quedarme con este estilo de vida pues me permite justamente concentrarme en lo que me interesa y sacar de lado aquello que me genera ruido, pues a pesar de que sea otra tendencia artificial la vida se ha llenado de tanta basura visual y auditiva que lo mejor es callar un rato y disfrutar lo que se tiene. En general este lifestyle me enseñó a que debemos valorar a la persona que somos ahora y no a la que aspiramos a ser, porque esta última a pesar de parecer mejor que nosotros no es la que paga las facturas
Minimalismo tecnológico
Justamente cuando menciono que el minimalismo no significa tener la menor cantidad de cosas posibles sino mayormente tener una vida y elecciones con propósito, hago especial énfasis en su significado puesto que en muchos círculos y comunidades que siguen esta práctica no suelen entender el significado de una pequeña vertiente del minimalisto aplicado al mundo digital, que en ocasiones se hace llamar minimalismo tecnológico o descentralización tecnológica.
En varios videos de gurús tecnológicos suelen mostrar cómo compran mil dispositivos de diversas categorías bajo el branding de “pro-minimalism” y en los comentarios les suelen recalcar que es todo menos minimalista. Y en parte es verdad pues no tiene sentido comprar diversos productos si no se les da una utilidad verdadera más allá de blofear sobre su poca utilidad o “que es un equipo dedicado a X”.
Como sea, el minimalismo tecnológico es una corriente de este estilo de vida que se basa en la idea de que tener un dispositivo dedicado para hacer todo absolutamente en el mundo digital -dígase trabajar, ver contenido, crear dicho contenido, jugar videojuegos, escuchar música y demás- no es una forma de ganar tiempo, dinero ni estabilidad sino lo contrario (sobre todo esta última). Por esto mismo encomienda a evaluar todas las actividades que uno realiza en sus equipos digitales y descentralice/use dispositivos dedicados únicamente a dicha tarea para poder liberar espacio mental de aquello que poseemos.
Para darme a entender de mejor forma: tener un celular para hacer absolutamente todo es una idea bajo la que se vendió el concepto del smartphone, pero esto con el pasar del tiempo se volvió en un arma de doble filo, pues ahora la gente puede llegar a estar enganchada al celular y estar -por ejemplo- buscando hacer una actividad cualquiera pero al encender su dispositivo se distrae porque vio una notificación en sus redes sociales y deja de estar en focus con lo que iba a hacer. Bajo esta premisa -la de evitar la distracción y eliminar el multitasking- se promueve la idea de tener un dispositivo para cada tipo de actividad específica y liberar dicho estrés y pérdida de tiempo en aquello que nos acaba controlando.
Un ejemplo de ello aplicado a mi vida personal: yo antes tenía absolutamente todo en mi PC, me dedicaba a ver videos, hacer videos, estudiar, trabajar, jugar y demás ahí; pero solía distraerme fácilmente cuando necesitaba enfocarme en aquello que era urgente porque tenía en un mismo lugar aquello que usaba para distraerme y los recursos para concentrarme. Puede que parezca una estupidez, pero para gente que le cuesta trabajo concentrarse y hacer una sola tarea es todo un ejercicio de fuerza. Por eso tomé la decisión de tener cada dispositivo dedicado a una sola cosa (o podía ser a varias, pero en un dispositivo una destacaba sobre las demás):
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En mi PC tengo todo aquello que requiera de potencia gráfica y usos creativos. Pese a que también juegue ahí, tengo un perfil aparte dedicado a ello.
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En mi laptop tengo aquello necesario para trabajo de ofimática, escritura, además de tener ahí mis cuentas personales y de logs. Es decir, para aquello que se puede considerar “trabajo esencial”.
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Mi steam deck y mi PS Vita son los dispositivos donde termino jugando, más que nada porque es cómodo y he notado que me mareo menos jugando juegos en primera persona si es a través de pantallas más pequeñas.
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Mi e-reader es donde suelo leer, sobre todo gracias a la maravillosa tecnología e-ink.
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Mi walkman es el dispositivo donde puedo disfrutar de la música en su máximo esplendor. No tengo que decir más.
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Tengo una tablet donde solía hacer apuntes en la universidad; pese a que hoy en día no le doy demasiado uso normalmente la tengo para tomar apuntes, firmar documentos digitales y leer archivos PDF.
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El celular es el espacio donde únicamente me limito a llamadas, mensajes, chats y apps bancarias. Quizás de vez en cuando lo use para navegar y tomar fotografías pero son justamente para casos puntuales.
Es decir, casi todas estas actividades se podrían concentrar en uno o dos equipos sólamente, pero con el tiempo he notado que no es buena idea hacerlo puesto que uno se puede distraer fácilmente y en general no es cómodo ni saludable estar siempre en un mismo espacio… osea, evitar hacer de tu bedroom tu allroom, pero aplicado a la vida digital.
Muchos llegan a criticar esto, pero eso sólo demuestra que no existe educación ni sanidad digital y en un mundo donde ésta se ha vuelto en una extensión de nuestros ‘yo’ analógicos, debería de ser un foco de atención.
¿Por qué no se deben tomar estas como una moda?
En general no podría hablar por parte del minimalismo tecnológico, pues el término es tan nuevo que muchos redactores nunca terminan por decidirse si se trata de minimalismo aplicado a la descentralización, la reducción de tecnologías/aplicaciones o -en caso de programadores y diseñadores- componentes y dependencias, o simple y llanamente transpolación de los principios minimalistas a la tecnología. Pero en el caso del minimalismo a secas hay una realidad que no se puede negar: ésta no es una tendencia nacida del amor a una vida con propósito, sino una consecuencia de la situación socioeconómica y tecnológica de los últimos tiempos.
A partir de la generación milenial se empezó a disparar casi sin control el precio de los bienes como lo son la vivienda y la alimentación (sobre todo la primera). Comparado al casi indignante y paupérrimo aumento de salarios en los últimos tiempos no cabe duda de que la forma de vida se tenía que adaptar de alguna u otra forma a los cambios, haciendo que desde las clases bajas y actualmente algunas de la media se tengan que resignar a rentas y costeo de lujos. ¿Qué significa? Que vivir de rentas implica que mientras uno tenga más cosas serán más costos implicados en fletes para el momento en que el casero decida echarte o uno decida irse por cualquier motivo, entre ellos aumento de precios o inseguridad de la zona.
Esto igualmente ha hecho que la popularidad de la no-posesión de objetos se haya vuelto popular con cosas como servicios de streaming o renta de servicios que en su tiempo eran adquisiciones que nos daban propiedad. Tan solo pensar en que la popularización de cosas como Netflix y similares, Xbox Game Pass, Google Cloud y NVidia Geforce Now no son mera casualidad, sino consecuencias de cómo lentamente se nos ha despojado de aquello que en su tiempo nos pertenecía o podíamos adquirir para que ahora se vuelva en un claro ejemplo de despojo de propiedad -no autoral, sino emocional-. De la misma forma con inmuebles o electrodomésticos: de nada vale tener un refrigerador, una estufa o una sala enorme si al momento de la mudanza tocará mover todos esos cacharros, mejor unos “minimalistas” o de bajo perfil.
Por esto mismo me parece cansino ver todos esos videos y shorts haciendo alabanzas a esta forma de vida y presentándola como una estética más -y bien es cierto que algunos nos podemos dar el lujo de seguirla de manera opcional o pasional-, cuando realmente son formas de vida producto de un mundo extremadamente ruidoso donde la nueva moneda de cambio es aquello que antiguamente nos pertenecía enteramente: nuestro tiempo y nuestros datos.
Mis propósitos personales
Y como este supone ser un blog personal, ahora toca hacer un top 5 de cosas que no volveré a comprar nuevas o que de plano no volvería a comprar -y que recomiendo encarecidamente que sigan mi ejemplo-.
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Equipos de cómputo nuevos: pese a que no me guste la programación yo siempre he sido alguien fascinado con la tecnología en general y ver cómo es que salen productos nuevos cada año a veces me tienen sorprendido -salvo estos años que todo se está yendo a la IA-. De todas formas una de mis mayores decepciones ha sido la tecnología.
Yo personalmente ya no veo necesario gastar cantidades ingentes de dinero en productos que al poco rato se acabarán obsoletando, y más con las tecnologías poco optimizadas que meten a todos los programas que distribuyen. La última vez que compré una laptop carísima (en su tiempo habrá costado unos $900usd) fue mi HP con Ryzen 5 2500u y que si fuera por Microsoft ya hubiera tenido que mandar a reciclar porque no tiene compatibilidad oficial con Windows 11.
Con eso y la vez pasada que ayudé a mi hermana a escoger su laptop para uso personal que terminó comprando un equipo Thinkpad carísimo pero planeado para que durara bastante tiempo -porque no quería comprar nada que no fuera nuevo-, decidí que toda laptop y equipo de cómputo completo que compre será reacondicionado y sin importar si está 3 o 4 años por detrás de las generaciones actuales; total, si nada más uso IA en mi trabajo, no me interesan productos ni servicios bloateados y son muy contados los juegos con el asqueroso Unreal Engine 5 que me interesan (además que ya tengo una PC donde puedo jugar dichos títulos), entonces como que todas las ganas se me quitan de querer comprar equipos que me cuestan lo que casi mes y medio de sueldo.
Hice lo mismo con mi nueva PC: puede que tenga las características de una arquitectura ya pasada (AM4) y una gráfica que muchos esnobistas clasifican como “gama ultra baja de pobres”, pero yo me siento cómodo pues por menos de lo que me costaría una Steam Deck me armé un equipo que corre títulos en medios-bajos (pero esto de los juegos modernos con motores horribles hablaré en otra ocasión).
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Asistentes virtuales y de tipo Smart Home: No entiendo cómo la gente quiere que reaccione cuando me presumen que han comprado un Alexa o su equivalente de Google -o cualquier aparato disque inteligente-, literalmente siempre acabo felicitándolos pero entre mí la única respuesta que quisiera aventarles en la cada es un
Perdoname amigo, pero déjame decirte que eres un pendejo.
¿Cómo alguien se va a alegrar de tener un equipo espía y encima inútil -más si no contratas su mugre servicio de suscripción- para que únicamente lo usen para preguntarle estupideces o poner música, que perfectamente podrían poner en su celular y conectarlo a una bocina. Definitivamente yo estoy alegre con mi privacidad y andar jugando a que soy sabio teniendo estos cacharros engaña-bobos es algo que ya no me da ni energía de rebatir.
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Libros: Al menos libros nuevos. Salvo que no los encuentre en el circuito de segunda mano disponibles y sea un título que obligadamente quiera leer o tenga que adquirirlo porque poseen información que me es relevante por cualquier motivo, yo no volvería a comprar un libro que encima está carísimo gracias a las podridas editoriales que actúan como mafias, sean distribuidoras de papers científicos o de libros de narrativa.
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Vehículos: Ya de por sí siendo un hikikomori es prácticamente inútil andar malgastando dinero para tener y mantener un auto que casi nunca usaré, aún si me viera forzado a adquirir uno no me atrevería ni a pensar en comprar uno nuevo; posiblemente uno seminuevo de agencia. Siempre se nos llegó a presentar la idea de que tener un vehículo propio nos daba libertad y comodidad, en parte la última es verdad pues es más cómodo estar en medio del tráfico en un espacio relativamente seguro antes que enmedio de un transporte público destruído y sin mantenimiento además de inseguro; pero eso a que te vuelva un ser libre es una patraña completa ideada por el marketing para infundarnos la idea de que necesitabamos algo que sólamente unos pocos realmente lo usan de verdad. Ya solo por eso me di a la idea de que no compraría un auto nuevo y sólo compraría aquel cuyo rango de precio me sea alcanzable en efectivo.
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Instrumentos musicales: Este año me he dado el propósito de aprender música después de 5 años pensándolo, y bien es cierto que no compraría una trompeta o saxofón usados porque me daría medio asco, lo que sí es que cosas que de verdad me llaman la atención como sintetizadores podría -o más bien debería- comprarlos reacondicionados o de segunda mano. Es conveniente y más para gente como yo que no pueden o no pudieron hacer del arte su vida, pero para esto sí debería aprender a evaluar su condición de uso.
Pero esto no significa que todo deba comprarse de segunda mano o reacondicionado, pues hay cosas que la vida me ha enseñado a que no debo comprar semi-nuevos, usados, reacondicionados o que directamente no escatimaría en gastos o compraría lo más barato posible:
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Ropa y calzado: Pues porque tampoco te pases, si compras ropa de buena calidad puede llegar a durar hasta años de uso.
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Comida: Porque tampoco digas cosas, sin esto literalmente nos morimos de hambre y andar comprando basura ya de por sí es malo para la salud.
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Utensilios (mayormente de cocina): Porque uno nunca sabe la calidad de lo que compra si no es de marcas reconocidas y con una buena reputación, además que uno no sabe el estado de las cosas si lo adquiere de segunda mano.
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Periféricos: Esta sí la aprendí a la mala, no tanto porque comprara de segunda mano pues en este caso sí procuro comprar nuevo, pero cada que compro teclados o mouses baratos me acaba sucediendo que se descomponen muy rápido y me es más costeable comprar una pieza nueva antes que repararla. Por eso mismo no me importa si un mouse cuesta más de $700mxn ($35usd) o un teclado cuesta más de $1000mxn ($50usd), siempre y cuando esté asegurado que me puede durar años entonces yo lo compro sin dudarlo (eso y que sea de una marca verdaderamente reconocida y de calidad, nada de chinadas a sobreprecio). Puede que suene poco lo que estoy dispuesto a gastar, pero es que yo no soy un “entusiasta” de periféricos como para malgastar mi presupuesto en productos que tampoco es que mejoren mucho mi vida.
Fuentes / Further Lecture
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